Hay mucho por hacer: Las presas y las inundaciones en Tabasco

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Bien haríamos en dejar de lado la retórica política, y dar lugar a las acciones e iniciativas que resuelvan de manera efectiva esta añeja problemática

 

Eduardo Olivares Pérez, Ph.D. Consultor, nos comparte su columna «Hay mucho por hacer» sobre las Las presas y las inundaciones en Tabasco

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El propósito principal de construir presas es para prevenir inundaciones. Las presas almacenan, controlan las avenidas y regulan el flujo de agua de los ríos, y en algunos casos se aprovechan para generar electricidad.

El agua que baja a la planicie tabasqueña para ir a desembocar al Golfo de México proviene de tres principales fuentes –ríos o grupos de ríos–. La primera es la cuenca del río Grijalva, la cual tiene cuatro presas hidroeléctricas: la Belisario Domínguez, conocida también como La Angostura; Manuel Moreno Torres –Chicoasén–; Netzahualcóyotl –Malpaso–; Ángel Albino Corzo –Peñitas–. Dicho río nace en Guatemala y se nutre de otros afluentes. Llega a Tabasco ya con el nombre de Mezcalapa.

La segunda es por la parte del sur-centro del estado, a través del río de la Sierra, que en realidad es un grupo de ríos que provienen de Chiapas. Este río es el que pasa por el malecón de la ciudad de Villahermosa –no tiene nada que ver con las presas hidroeléctricas–. La tercera, en la región oriental o de los ríos, es el del Usumacinta, el más caudaloso del país, que nace en Guatemala y también se alimenta de otros ríos.

El único río que cuenta con presas controladoras es el Grijalva-Mezcalapa, el cual regula el 23 % del escurrimiento medio anual de agua dulce en Tabasco. El manejo de las cuatro presas lo realiza el Comité Nacional de Grandes Presas, integrado por expertos en la materia. Este comité lo preside la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA). También participa la Comisión Federal de Electricidad (CFE) así como especialistas de universidades y otros organismos. El criterio de operación de las presas –cuidando un nivel mínimo y un nivel máximo–, ha sido y es privilegiar la seguridad de la población. Con base en la existencia de agua y en los pronósticos, la CONAGUA permite al Centro Nacional de Control de Energía (CENACE), programar y realizar el despacho de generación dependiendo de las condiciones del Sistema Eléctrico Nacional, del agua almacenada en las presas y de los criterios operativos establecidos por el comité. La CFE no determina cuánta agua turbinar o desfogar por vertedores. Conviene hacer notar que la generación hidroeléctrica es considerada una fuente de energía limpia y renovable, además de ser una de las de menores costos por unidad de energía producida, así como ser estable para respaldar a otros medios de generación en especial en horarios de demanda máxima.

¿Son las presas responsables de las inundaciones en Tabasco? No. Al contrario, evitan inundaciones recurrentes en el estado. Nadie en su sano juicio podría concebir que alguien decida dolosamente inundar a Tabasco o que los criterios de generación eléctrica pudieran estar por encima de la seguridad de la gente. Tabasco se ha inundado desde siempre. La mayor parte de su planicie está a pocos metros sobre el nivel medio del mar haciéndola susceptible de inundarse. Su ubicación geográfica la convierte en una región de alta precipitación pluvial así como en receptora natural de escurrimientos importantes que provienen de Chiapas y Guatemala. Existe registro histórico de inundaciones de diferente magnitud que han ocurrido al paso del tiempo. En las grandes inundaciones se ha podido notar la conjugación o combinación de variables y factores que han detonado eventos catastróficos. Altas y prolongadas precipitaciones estacionales en la región y en partes de Chiapas y Guatemala, en ocasiones intensificadas por fenómenos tropicales y/o frentes fríos.

El crecimiento poblacional con un deficiente ordenamiento territorial, ha venido a incrementar la vulnerabilidad ante las inundaciones. Por incompetencia, negligencia o corrupción, de manera imprudente se han modificado o afectado arroyos, vasos reguladores, canales, cuerpos lagunares, para construir asentamientos de población u obras relacionadas. Para ejemplo, muchas colonias y fraccionamientos en la periferia de Villahermosa hace escasos veinte o treinta años eran pantanales. Si a todo lo anterior le sumamos la deforestación generalizada, el azolve de cauces y los efectos del cambio climático –provocado por la actividad humana–, se crea una mezcolanza de factores que detonan las inundaciones.

Volviendo al tema de las presas que tienen que ver con Tabasco. Por ellas pasa solo una parte del agua que escurre a la planicie tabasqueña rumbo al Golfo de México, lo cual está permanentemente monitoreado por un comité de expertos que toman decisiones con la información que esté a su alcance. En el 2020, la inundación de Macuspana fue por la creciente del río Tulijá-Puxcatán. La de Tapijulapa, Oxolotán, Jalapa, fue por el río de la Sierra. En esas y muchas otras poblaciones las presas no tuvieron ninguna relación con sus inundaciones. El tema de las presas desafortunadamente ha sido politizado con frecuencia. El ruido mediático impide a mucha gente percibir con objetividad las ventajas que representa el tenerlas. El criterio técnico que se aplica en la operación de las presas priorizando la seguridad de la población no deja espacio a falacias político-ideológicas. Lo deseable sería contar también con presas idóneas en los ríos de la Sierra y Usumacinta para tener cierto control de las avenidas y de paso generar energía limpia, sin olvidar de que cuando los volúmenes de las lluvias son atípicamente extraordinarios, por fuerza se debe desfogarlas por la seguridad estructural de las mismas y eso eventualmente podría inundar en mayor o menor grado zonas bajas.

Por supuesto, se requiere también diseñar y realizar un proyecto con un enfoque sistémico que contemple la construcción de bordos y drenes, el desazolve de cauces, y aunque suene drástico, reubicar a la población asentada en las zonas bajas que invariablemente están condenadas a inundarse cada vez que las precipitaciones sean superiores al promedio. También conviene construir un mapa de riesgos para administrar estos de la mejor manera posible y permita coexistir debidamente con el agua. En el pasado se anunció un Proyecto Integral Contra Inundaciones (PICI), luego un Plan Hídrico Integral (PIHT), así como miles de millones de pesos presuntamente asignados a los mismos. De todo ello poco se sabe. En especial resalta que las inundaciones continúan. Se deduce que fueron planes fallidos por razones hasta ahora desconocidas. Convendría se investigue, clarifique y en su caso sancione según corresponda.

En estas inundaciones de 2020 en Tabasco es apremiante ser solidarios con la población afectada, tanto por parte del gobierno como de la sociedad civil, sin soslayar que es de suma importancia trabajar viendo al futuro para evitar que estos eventos sean dolorosamente repetitivos. Hay mucho por hacer. Bien haríamos en dejar de lado la retórica política, y dar lugar a las acciones e iniciativas inteligentes y sensatas que resuelvan de manera efectiva esta añeja problemática de Tabasco.

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