La estrategia: El rumbo electoral de la Seguridad Energética de los Estados Unidos

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Pese a haberse convertido en una potencia energética (desde el 2015) EUA sigue considerando la cuestión energética como un asunto de seguridad nacional.

 

Rosío Vargas

 

La estrategia de seguridad energética de los Estados Unidos ha sido histórica y se había centrado, hasta antes de la irrupción del fracking, en reducir la dependencia de los suministros del extranjero privilegiando la diversificación de abastecedores y promoviendo las fuentes de energía autóctonas. Ahora la estrategia ha cambiado en la medida en que EUA se ha vuelto el principal productor de petróleo y gas en el mundo. Ese país ha reducido las importaciones netas de petróleo, gracias al incremento de la producción de hidrocarburos gracias al uso de la tecnología de fracturación hidráulica con la perforación horizontal. Desde el 2015 EUA está posicionado como el mayor productor de petróleo y gas en el mundo. Esta “revolución energética” es la que utilizan los EUA para derrumbar el paradigma histórico de escasez de recursos, como base del diseño de su estrategia de SE sustituyéndolo por otro de abundancia de los mismos.

Para el 2018, en la política de seguridad energética de Estados Unidos, el objetivo de la búsqueda de la  “independencia energética” había perdido fuerza, aunque el consumo del petróleo continuara siendo alto, en términos absolutos, las importaciones continúan siendo una parte de la oferta nacional, por conveniencia económica, a la luz de los costos de producción de otros productores petroleros de otras regiones y por considerar la dinámica de la globalización ya que las interrupciones generadas por el alza en los precios, seguirían haciendo a EUA de cualquier forma vulnerable(2), debido a las alzas en los precios.  Si bien los ciclos de precio son inherentes al mercado petrolero, los EUA pueden afrontarlos con mayor margen de acción bajo su actual posición de exportadores netos después del 2020.

 

 

Por lo anterior, la administración republicana se ha enfocado más en el manejo de la política exterior a partir del nuevo contexto energético que le permite una posición de dominio sobre las variables fundamentales del mercado petrolero internacional. A nivel nacional se incorporan objetivos como la flexibilidad, la competencia y la redundancia de combustibles; además de los componentes básicos de la SE.

No obstante hay factores de riesgo, como la alta dependencia de las gasolinas del sector transporte, por ello hay quienes sugieren que la alternativa para EUA sería quitar la importancia estratégica a este combustible y ampliar las opciones de energéticos para el sector(3). Otro estaría en los aumentos en los precios internacionales del petróleo capaces de causar daños al crecimiento de la economía.

Los activos de EUA para resolver los riesgos de SE son muchos ya que el país cuenta con un mix energético diversificado al interior de su economía, con gran preponderancia para los combustibles fósiles, sobre todo no convencionales. Tiene en su haber todas las fuentes de energía y una amplia dotación de recursos e infraestructura para la producción de combustibles y electricidad. La bondad en la dotación de las distintas fuentes de energía es un criterio importante para garantizar la SE. Así por ejemplo, el hecho de que el carbón en EUA provenga prácticamente en su totalidad de minas nacionales, lo hace útil para fortalecer su SE. De igual forma contribuye el gas natural por tener una oferta excedentaria que le permite exportarlo en forma de GNL desde 2016 e importarlo sólo por razones de tipo geográfico y económico. Desde el punto de vista de una energía de base, la energía nuclear reduce los riesgos en el suministro eléctrico y no tiene problemas de dependencia de combustibles extranjeros. Bajo esta última consideración también se ponderan las bondades de las energías renovables,  ampliamente desarrolladas en el país.

Lo que se consideran  desafíos para el diseño de la estrategia de SE,  tienen mucho  que ver con el juego  político-ideológico en el ámbito interno,  el poder de republicanos y demócratas en la definición del rumbo de las políticas nacionales(4). Mientras los republicanos conservadores niegan el calentamiento global y favorecen los negocios de la industria petrolera, los demócratas y liberales están por desincentivar cualquier proyecto que emita gases de efecto invernadero y favorecen los aprovechamientos de energías renovables. Esto se contextualiza en la orientación y el perfil de sus administraciones, como fue el caso de la gestión de Barack Obama quien se inclinó más por las energías renovables vis a vis la gestión de Donald Trump quien se ha mostrado más proclive s los fósiles y en particular al comercio internacional del GNL, e incluso al carbón. Ambos casos promueven el desarrollo de las energías nativas en todo el territorio estadounidense.

Desde el punto de vista de la dependencia geográfica de EUA del petróleo del exterior (en la medida que por razones de costos nunca va a dejar de importar petróleo)  los EUA han podido reducir en los últimos años su vulnerabilidad en la medida en que cerca del 60% de sus importaciones provienen de América del Norte (Canadá y México). Esto significó reducir sus compras de los productores miembros de la OPEP, a los cuales Canadá ya ha rebasado como abastecedor del mercado estadounidense. Los resultados dan cuenta del éxito de su histórica estrategia de diversificación de abastecedores.

El concepto amplio de Seguridad Nacional también lo entienden como una responsabilidad colectiva  al incluir la Seguridad Nacional y la SE de sus aliados y socios. Por ello EUA promueve esquemas de cooperación multilateral y aplica su visión ampliada de SE al incorporarlos a como parte de su SE. Esto convierte en prioridad la búsqueda de un “acceso seguro y confiable a los recursos energéticos a escala global”. Estrategia que EUA  lleva a cabo junto con los países que forman parte de la Agencia Internacional de Energía (AIE). En  2014 en el marco de la reunión del G7 y la Unión Europea los ministros de energía(5)  formularon una definición ampliada de la SE adoptada por sus líderes a través de una declaración conjunta en Bruselas que propone:

1.- El desarrollo de mercados energéticos flexibles, transparentes y competitivos, incluidos los mercados de gas;

2.- Diversificación de combustibles energéticos, de fuentes y rutas, así como el fomento de fuentes autóctonas de energía;

3.- La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y la aceleración de la transición hacia una economía baja en carbono;

4.- Mejoras en la eficiencia energética en oferta y demanda, así como la gestión de la demanda.

5.- Inversión permanente en innovación e investigación.

6.- Mejorar la resilencia de los sistemas de energía promoviendo la infraestructura.

7.- Establecer sistemas de respuesta de emergencia incluidas las reservas y la sustitución de combustibles;

8.-Fomentar el desarrollo de mercados globales, apoyar asociaciones que favorezcan la SE.

Queda claro, con la anterior propuesta, el enfoque de mercado y el enfoque exterior de los Estados Unidos para hacer frente a posibles amenazas capaces de afectar su seguridad y la de sus aliados y socios comerciales.

Canadá y México  forman parte de su SE y fueron incorporados a la Estrategia de Seguridad Nacional del 2017. Hasta antes de la revolución energética de EUA, el papel fundamental que estos dos vecinos jugaban para los EUA era el de abastecedores confiables de petróleo para cubrir las necesidades del mercado de EUA. Hoy día, Canadá lo sigue cumpliendo, pero en el caso de México, nuestro país sirve a la estrategia de EUA para expandir su mercado de hidrocarburos, refinados y petroquímicos, en un volumen nunca antes visto en el comercio bilateral. Si bien en el hemisferio, como se señaló, existen otros abastecedores, la estrategia de seguridad nacional (2017) de EUA sigue descansando en la integración del mercado energético de América del Norte como uno de sus pilares fundamentales.

Conclusión

Entre las propuestas más interesantes para resolver el verdadero problema de SE de EUA está la que tiene que ver con la dependencia al petróleo del sector transporte, a partir de quitarle su carácter estratégico (al petróleo), así como generar opciones de combustibles para el sector, la necesidad de dibujar un diseño integral y holístico para resolver el problema de los combustibles, crear un mercado en competencia para los combustibles para el transportes, así como reducir las barreras regulatorias en este sector, consideran los estadounidenses.

Pese a haberse convertido en una potencia energética (desde el 2015) EUA sigue considerando la cuestión energética como un asunto de seguridad nacional, debido al carácter  estratégico del petróleo y al haber hecho a la energía parte de su política exterior, en donde  el poder de la energía es fundamental en su estrategia de competitividad (América Primero) y su preeminencia frente a potencias rivales a través de la expansión de la industria del gas shale  en  el mundo con las exportaciones de Gas Natural Licuado (GNL) bajo la estrategia de Energy Dominance.

Si bien es clara la diferencia entre demócratas y republicanos con respecto al impulso y desarrollo de las fuentes renovables, la visión de ambos grupos tiende a coincidir cuando se trata del principal pilar de su sector energético, en este caso, el shale-oil&gas, que ha logrado una capacidad exportadora en los años recientes. Es difícil prever un cambio de rumbo en ese sentido después de las próximas elecciones.

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