Fundamentos y tendencias de la Crisis Energética Mundial

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Es el resultado de la consolidación de comportamientos tendenciales del sector petrolero y en general del sector de energía, que se venían manifestando desde hace al menos dos décadas

Edgar Ocampo Téllez

La crisis de energía que se resiente desde septiembre 2021 en diferentes regiones del mundo, pero de forma particularmente aguda en los países del hemisferio norte, es el resultado de la consolidación de comportamientos tendenciales del sector petrolero y en general del sector de energía, que se venían manifestando desde hace al menos dos décadas; primero; que la productividad, dimensión y capacidad de los nuevos proyectos de hidrocarburos en lo que va de este siglo es sensiblemente menor a la de los proyectos desarrollados a lo largo del siglo pasado y; segundo, que el tiempo de desarrollo, la complejidad y los montos de inversión de los proyectos que se desarrollan en este siglo, son extraordinariamente mayores con respecto a los realizados en el siglo pasado.

El exceso de confianza, de los responsables de política energética, en las soluciones tecnológicas de la transición energética verde para abandonar el uso de combustibles fósiles hizo suponer que ocurriría un pico de demanda mundial de hidrocarburos en el mundo, lo que no ha ocurrido hasta ahora ni va a ocurrir en los próximos 10 años según los pronósticos de varias agencias de energía. Lo anterior aunado a la indiferencia mostrada ante los comportamientos tendenciales antes mencionados no ha permitido preparar una estrategia coherente y efectiva para que las economías puedan enfrentar las graves consecuencias como la de esta perturbación energética, exactamente como lo está resintiendo Europa en estos momentos. Los efectos de la agudización de las tendencias se presentan ahora, de forma abrupta y sorpresiva, en la escasez de diferentes recursos energéticos como el gas natural, diésel, gasolina y algunas materias primas como los fertilizantes.

Particularmente en el gas natural, fue la brecha entre la demanda y el suministro lo que provocó un súbito encarecimiento; el precio en Asia y en Estados Unidos se duplicó y en Europa se quintuplicó en octubre y diciembre de 2021, impactando múltiples procesos industriales como la generación de electricidad y la producción de fertilizantes y aditivos para vehículos diésel. La situación se agravó con la entrada del invierno, en vista de que la demanda de gas natural para calefacción y para la generación de electricidad aumenta considerablemente en ese período en Europa.

Algunos analistas creen que el problema es el resultado de una situación coyuntural compuesta de dos componentes básicas; por un lado, la rápida recuperación económica en el mundo, y por el otro, el cuello de botella en la logística mundial que fue adormecida por los efectos de la COVID, ocasionando un lento aumento de la capacidad de suministro de energía. Sin embargo, esos analistas pasan por alto, nuevamente, el conjunto de comportamientos tendenciales del sector petrolero que están exacerbando la situación.

La crisis energética no será coyuntural, más bien, marcará el inicio de un nuevo período para la humanidad, en el cual prevalecerá un estancamiento y declive del abasto energético mundial, cuya característica principal será la de una dificultad, cada día mayor, para suministrar combustibles y electricidad. Los problemas de abasto perdurarán, quizás décadas, hasta que se reconozcan los comportamientos tendenciales de la capacidad de producción mundial de energía que estamos señalando.

Lo que diferencia esta crisis de energía con las ocurridas coyunturalmente en otros períodos, es la maduración de los procesos tendenciales irreversibles en el sector de energía que hoy llegan a su clímax, estos son:

1.- Declive progresivo y constante de la productividad de los nuevos proyectos de energía, y ese proceso ocurre tanto en proyectos de combustibles fósiles como en los proyectos de fuentes de energía renovable. Se ha observado un decremento progresivo en la productividad efectiva de los campos petroleros y de gas, así como, la reducción en la productividad de la nueva infraestructura construida para producir energía eléctrica con fuentes renovables.

Los campos de petróleo descubiertos durante el siglo XX llegaron a tener una producción promedio por pozo por encima de los 20,000 barriles diarios, inclusive en México, tuvimos varios pozos cuya producción fue superior a los 100,000 barriles diarios entre 1910 y 1920. Hoy en día, la producción por pozo, en la mayor parte de los proyectos petroleros en desarrollo, no supera los 5,000 barriles diarios en promedio y, en casos extremos, como en el shale de los Estados Unidos, no sobrepasan los 1,000 barriles diarios por pozo.

El mismo fenómeno ocurrió en el caso de la fuente de energía renovable hidroeléctrica, las presas más productivas fueron construidas en el período que va de 1960 a 1990 y ya no se han podido lograr esos niveles de productividad en las recientes presas construidas en China. Lo mismo ocurrirá en el caso de la energía solar y eólica, cuando las áreas más productivas sean saturadas, se tendrán que construir parques en zonas menos productivas.

El comportamiento tendencial indica que a medida que pasa el tiempo la productividad de los nuevos proyectos de energía declina de forma progresiva, ya sea si se trata de combustibles fósiles o de energías renovables.

2.- Disminución progresiva del tamaño o de la capacidad de los proyectos de energía, tanto de combustibles fósiles como de energía renovables. Durante décadas se ha pasado por alto que a medida que pasa el tiempo la dimensión de los nuevos proyectos de energía se vuelve cada vez más pequeña.

La mayoría de los proyectos petroleros de campos gigantes y super gigantes ocurrieron entre 1950 y 1980, en comparación, en lo que va de este siglo sólo se han descubierto menos de 10 campos gigantes. Lo mismo se ha podido observar en el caso de la energía hidroeléctrica, la mayor cantidad de presas gigantes ocurrió en el siglo pasado. La mayor parte de las cuencas hidrológicas en el mundo ya han sido ocupadas y quedan pocas regiones con algo de potencial pero nada comparado con lo que se construyó durante el siglo XX.

Se observa que a medida de que pasa el tiempo los nuevos proyectos de energía que se van desarrollando no tienen la talla gigante del siglo pasado y la situación tiende a agudizarse.

3.- El aumento del tiempo de desarrollo, aumento de la complejidad y el incremento progresivo de los montos de inversión en los nuevos proyectos de energía, tanto en los de combustibles fósiles como en los de energías renovables. Se puede observar históricamente que a medida que pasa el tiempo los nuevos proyectos de energía, tanto fósil como renovable, están tomando mucho más tiempo para su desarrollo, están siendo cada vez más complejos y están requiriendo montos de inversión cada vez mayores.

Se puede constatar que la primera producción en los proyectos petroleros durante el siglo pasado iniciaba, en promedio, en el segundo o tercer año, inclusive, en menos tiempo, ahora, el tiempo de desarrollo de los campos de petróleo ha aumentado sensiblemente tomando ahora entre 5 y 8 años para ver la primera producción comercial, sin embargo, en el caso de los proyectos de aguas profundas, en donde los avances tecnológicos han sido más significativos, la tendencia se ha agudizado, pues llega a tomar en promedio entre 8 y 12 años obtener el primer barril comercial.

En cuanto a los montos de inversión se puede observar que durante el siglo pasado se requerían entre 1,000 y los 3,000 millones de dólares para desarrollar campos gigantes y súper gigantes. Hoy en día, el desarrollo de un proyecto de aguas profundas es de alrededor de 8,000 millones de dólares y puede llegar a los 10,000 millones de dólares fácilmente.

Esa misma tendencia se observa en el desarrollo de energía renovable hidroeléctrica, los costos y tiempos de desarrollo han aumentado sensiblemente en las últimas dos décadas. La lógica es que primero se aprovechan las zonas más fáciles de desarrollo y se dejan para después las más complejas, pero a medida que se agotan los mejores sitios, los nuevos proyectos se tienen que construir en zonas más difíciles, implicando mayor tiempo y costos.

Conclusiones: La humanidad se dirige a una nueva en la cual será muy difícil el acceso a la energía y, por lo tanto, esta será muy cara. Las leyes del mercado, en esta ocasión, fallarán y no habrá ninguna forma de llevar los precios de la energía nuevamente a la baja más que con la destrucción de la demanda, como ya está ocurriendo en Europa y Asia, pero eso significa el colapso económico de la economía mundial. Por dar algunos ejemplos; a Pakistán lo dejaron sin gas natural porque el mercado Europeo se volvió más atractivo y algunos consorcios industriales están cerrando sus plantas en Europa por el costo elevado de la electricidad y el gas natural.

 

 

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